IFE ANSES: ¿qué pasará con el cuarto pago del bono?

El Gobierno está en tiempo de descuento para definir cómo seguirá este beneficio que alcanza a 9 millones de personas.

En las próximas dos semanas, ANSES terminará de pagar la tercera tanda del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que alcanza a 9 millones de personas. Ya en tiempo de descuento, el Gobierno tendrá que resolver cómo sigue este subsidio que en el comienzo de la cuarentena, hace casi seis meses, había sido diseñado como una ayuda de una única vez.

Ahora la palabra que usan en el Gobierno para hablar de lo que ocurrirá con el IFE a partir de octubre es "redefinición". Si bien aún no hay una decisión concreta, con la economía todavía en emergencia, la cuarentena sin fecha cierta de cierre y la amenaza de apretar el botón rojo si en los próximos días no cede la curva de contagios, según pudo averiguar Clarín lo que prevalece entre los funcionarios del área económica es la idea de que habrá cuarta ronda del IFE para preservar la tregua social.
 
La continuidad del IFE fue uno de los temas centrales de la última reunión de gabinete económico. Bajo la batuta del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, en el encuentro participaron la titular de ANSES, Fernanda Raverta, la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, y los ministros Matías Kulfas, Martín Guzmán, Daniel Arroyo y Claudio Moroni, junto con al titular de AFIP, Mercedes Marcó del Pont, y el presidente del Banco Central, Miguel Pesce.

Tras esa reunión Raverta dijo que la decisión del Gobierno es "comenzar a evaluar la reconversión" del IFE. Para la funcionaria el desafío "es volver a generar un mercado formal de trabajo que incorpore a la enorme cantidad de argentinos a la población económicamente activa". 

El tema del bono de $ 10.000 volverá a estar sobre la mesa este miércoles, con la próxima reunión de ese gabinete. Uno de los costados decisivos para redefinir que pasará con el bono es el deterioro de los indicadores sociales, con el desempleo y la pobreza en alza.
 

Si bien en el Gobierno se aferran a los signos de rebote de la actividad económica que se vieron en junio y julio admiten que con un piso de 1 millón de puestos de trabajo perdidos durante la pandemia, la reinserción en el mercado laboral será dura para los trabajadores de los sectores más vulnerables.

Una luz de alerta se encendió con los datos que aportó la recaudación tributaria de agosto que mostró que el repunte del consumo es más débil de los que se esperaba.

El universo de las 9 millones de personas que perciben el IFE es heterogéneo. Incluye a titulares de la Asignación Universal por Hijo (AUH), desempleados, trabajadores informales, empleadas domésticas y monotributistas de las categorías más bajas.

Para esos hogares esta claro que si dejan de cobrar el IFE será difícil que a mediano plazo accedan a otro ingreso que reemplace este subsidio.

En la pulseada entre la escasez se recursos y el incremento de las necesidades sociales, gana espacio la idea de que el rebote de la actividad aún no es lo suficientemente potente como para retirar masivamente las muletas del IFE.

Una de las opciones que se analiza es armar un formato específico para los jóvenes más vulnerables. Lo que se buscaría es vincular en este segmento la continuidad del IFE con prestaciones laborales, al estilo de lo que ocurre con el plan "Potenciar trabajo", que lanzó hace pocas semanas el Ministerio de Desarrollo Social. Además de los jóvenes, el foco estará puesto en el otro extremo de la población beneficiaria del IFE: el segmento de quienes tienen entre 50 y 65 años.

Mientras llega la definición la ANSES se dedica a concentrar cada vez más información acerca de estos sectores, de modo que una radiografía más precisa permita delinear políticas más adecuadas.

De este modo, el foco está puesto en los jóvenes que tienen entre 18 y 24 años y presentan las mayores dificultades para insertarse al mercado laboral. En esta franja etaria hay 1,7 millón de jóvenes que perciben el IFE.

Por eso en agosto sacó una resolución que le permite revisar los beneficios "dudosos" que en su mayoría son percibidos por jóvenes a los que se les pidió que ratifiquen, a través de una declaración jurada, que no conviven con personas que tienen ingresos. Si el organismo detecta inconsistencias estas personas podrían perder el IFE.

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