Los Corsos Formoseños

Breve historia de como eran los festejos de carnaval en Formosa

Los carnavales en Formosa no eran como los conocemos hoy, se hacían entre los vecinos de la cuadra del barrio entre el barro y las anchas zanjas que había que saltar. Y decimos esto, porque el pavimento llegó en 1939.

En aquellos días, el juego de agua no era muy distinto al actual, pero había una sobreentendida guerra declarada de varones contra mujeres. Salían las barras en camiones, de siesta, con todo el arsenal listo a la guerra, y los encuentros eran generalmente a domicilio. Llegaban los muchachos a una casa tácitamente pactada de antemano, y allí se entablaba la batalla. Pero en esos días había un sentido deportivo que ahora no corre. Un tipo está empapado y lo siguen mojando. En aquella época no, aquel que estaba mojado, debía ir hasta su casa a ponerse ropa seca para volver al juego.

Después de los corsos, el estruendo de una bomba anunciaba que media hora más tarde comenzaría la guerra de los baldazos de agua y las bombitas que siempre estaban preparadas en los baldes, y mejor si eran chicos para que “pique” más cuando reventaba.  

Los corsos se hacían en la Avenida 25 de Mayo, con palcos adornados verdaderas obras de arte, todo el año se podía ver que las carrosas se preparaban y como olvidar a las del Barrio Independencia frente a la casa del recordado Saturnino López más conocido como Kiko Monsalve, una de las mejores voces de Formosa, o en el San Miguel y el club Sol de América. Cada año era una competencia, se elegía una temática diferente que represente a nuestra flora o fauna, nuestros ríos o los pueblos originarios que pisaron nuestro suelo por primera vez.

Los disfraces principales de los grandes –abundaban las máscaras sueltas- eran la capa y el dominó. La capa era eso, una majestuosa capa multicolor, con lentejuelas y espejitos. El “rey momo”, se disfrazaba con medias de colores y sombrero orlado de plumas. El dominó era muy sencillo: una especie de camisón largo, una pequeña capita con capucha y antifaz enterizo.

Los chicos se reunían en las plazas o en algún patio del vecino al que no le molestaba el ruido de la murga a la siesta, vestidos con cualquier mamarracho y unas cacerolas viejas para un repertorio de canciones nada edificantes para la época.

Para los que recuerdan esos años de carnaval con anhelo porque vuelvan, son descriptos con añoranza como los mejores festejos de carnaval.

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